ERRORES Y MITOS EN LA ALIMENTACIÓN DE LA MUJER EMBARAZADA (1ª parte)  Foto de %title

Hace  ya unos meses que quería haber escrito este post porque el tema me parece de lo más interesante. Con motivo de la celebración del Día Mundial de la Leche, nos invitaron a unas conferencias en las que se habló de la importancia de la alimentación de la mujer embarazada, y a las que acudieron el profesor Gregorio Varela Moreiras, Presidente de la Federación Española de Nutrición y el profesor ángel Gil, presidente de la Fundación Iberoamericana de nutrición, los dos reconocidos profesionales expertos en Nutrición.

 

 

Como hablaron de muchas cosas, y todas ellas muy interesantes, he decidido hacer una serie de post relacionados con la nutrición en la mujer embarazada y las pautas que se deben seguir para que la alimentación que se lleva a cabo en el embarazo sea la correcta.

En este primer post quiero hablar sobre los errores y mitos que podemos encontrar en la alimentación de las mujeres embarazadas, y que es recogido en el documento “La leche como vehículo de salud para la población: Situaciones fisiológicas especiales: mujer gestante, que podéis descargaros pulsando aquí .

 

 

1.- Debo ganar 15 kilos al final del embarazo .

Uno de los mitos que con más frecuencia escuchamos cuando nos quedamos embarazadas es el del peso. En los últimos años parece que había una obsesión por el peso de la mujer embarazada y que todas teníamos que terminar nuestro embarazo habiendo cogido más o menos el mismo peso.

Según este estudio durante el periodo gestacional se debe producir un incremento de peso con una reserva energética total de unas 75.000 calorías en todo el embarazo, pero que tienen que ser ingeridas paulativa y controladamente aumentando unas 300 kcal/dia en el primer trimestre, 340 en el segundo y 452 en el tercero.

Si hacemos ejercicio la ingesta debe incrementarse además en unos 250 kcal a partir de la segunda mitad de la gestación.

La ganancia de peso durante el embarazo en estos momentos se relaciona con el índice de masa corporal que se tenga antes del embarazo y teniendo en cuenta si es o no un embarazo múltiple, por lo tanto el incremento de peso dependerá únicamente de la situación nutricional que se presente antes y durante el periodo gestacional.

 

2.- Durante el embarazo se debe comer por dos.

 

Durante el embarazo se producen una serie de cambios fisiológicos y anatómicos debido a que las embarazadas deben cubrir las necesidades metabólicas del feto para permitir un desarrollo adecuado de éste, por lo que la alimentación de la madre cumple un rol fundamental nutriendo al feto y formando la placenta.

Sin embargo, todos los cambios que se generan en este periodo, especialmente la acumulación de grasa como reserva de energía, se producen principalmente para el proceso de la lactancia, y para satisfacer las exigencias propias del embarazo.

El peso, la reserva energética y la calidad de la alimentación tienen que ser controlados para una adecuada nutrición madre-hijo. Se deben seguir las recomendaciones de energía y nutrientes específicamente adaptadas para el periodo gestacional teniendo en cuenta el nivel de actividad física, peso, altura y metabolismo basal.

 

 

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3. “No comer cierto tipo de alimentos (antojo) dejará una marca en la piel del bebé”

Es cierto en que en el periodo en el que estamos embarazadas las mujeres nos solemos preocupar enormemente por cosas que antes apenas habíamos prestado atención. Es el caso de los antojos. Visto desde fuera parece una tontería pero muchas veces nos obsesionamos con que si, no comemos ese alimento, nuestro futuro hijo nacerá con un antojo que marcará la piel del futuro bebé adaptando la forma de ese alimento.

El incremento de los antojos suelen comenzar al final del primer trimestre, con una elevada intensidad en
el segundo trimestre y disminuyendo a medida que transcurre el embarazo (Orloff & Hormes 2014). No
existen estudios que relacionen los antojos durante el embarazo con marcas en la piel del recién nacido.

Este tipo de mitos son lazos heredados de la alimentación como espacio de expresión social, cultural y
de identidad de cada comunidad . Una creencia que no comparten todas las mujeres pero que justifica ciertos comportamientos, cuyos orígenes se sitúan en la herencia de  abuelas, madres y suegras, en donde se aplican
esta serie de prácticas.

 

 

4. “Las mujeres embarazadas no deben tomar cafeína”.

Uno de los mitos más difundidos es el de las consecuencias
perjudiciales que podría producir la ingesta de cafeína durante el periodo de embarazo, pero la evidencia respalda que la ingesta moderada (menor a  300 mg) no produciría efectos adversos ni problemas en el desarrollo en el feto. Por el contrario, las mujeres embarazadas que aumentan la ingesta exageradamente, bebiendo 8 o más tazas de
café diarias tienen un mayor riesgo de muerte fetal en comparación a las que consumen la cantidad recomendada.

Cómo anécdota os cuento que en mi segundo embarazo fue el ginecólogo el que me recomendó la ingesta de una o dos tazas de café al día porque tengo la tensión muy baja y al quedarme embarazada sufrí varios desmayos al bajarme la tensión. E

 

 

5. “Las plantas medicinales son completamente seguras e inofensivas durante el embarazo porque son naturales”.

 

A lo largo del tiempo, se han empleado diversas plantas medicinales con motivo de prevención y tratamiento
de síntomas. Actualmente, se cree que lo “natural” se asocia con lo “ideal y beneficioso” para
nuestro organismo por lo que la publicidad nos muestra plantas milagrosas que curan síntomas, favorecen
la automedicación con éstas, siendo consumidas de forma abusiva . Las embarazadas solemos consumir infusiones para evitar los síntomas propios del embarazo como náuseas y  vómitos.

 

 

 

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