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Una de las cosas que más preocupa a los padres y madres, sobre todo cuando somos primerizos, es el tema de los percentiles. Nos parece que nuestro hijo tiene que estar en la media y si no es así nos preocupamos, pero ¿hasta qué punto tiene nuestro hijo que estar en la media de la tabla? ¿Cuándo debemos consultar al médico? Os voy a contar mi experiencia con el tema de los percentiles y, en este caso, cuando el niño tiene percentil bajo.

Mi hijo, ahora tiene 6 años, nació pesando 2,800 gr y midiendo 48 cm, (yo ya había salido de cuentas, así que no nació antes, hecho que podría ser relevante para un peso y talla menores) es decir, que ya nació con un percentil bajo.  En primer lugar definiremos lo que es un percentil porque cuando somos padres primerizos este término viene a nuestras vidas tomando un protagonismo total.

Los percentiles son las tablas o curvas de crecimiento que utilizan los pediatras para valorar el desarrollo de los niños en función de los valores que se toman en niños normales de la misma edad, sexo y raza. Para ello se utilizan unas curvas y unas tablas de crecimiento y desarrollo que dividen este entre niños de 0 a 2 años y de 2 a 14 años haciendo diferencias también por sexos.

 

 

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¿Qué significa? Que si lo comparamos con 100 lactantes normales de su misma edad y sexo, habría 80 que pesarían menos, mientras que los otros 20 pesarían más que él. Lo mismo vale para la talla. Si decimos que un bebé está en percentil 25 de talla, estamos diciendo que comparado con cien lactantes normales, 25 medirían menos y 75 más.

 

Cuando hicieron todas las pruebas a mi hijo daban como resultado que  el niño iba creciendo poco a poco (a su ritmo) y se veía sano y en un primer momento se determinó que estaba en el percentil 3 (es decir, muy por debajo de la media de los demás niños).

Al principio ya sabéis que los controles pediátricos son más frecuentes, así que cada vez que íbamos a pesarle y a medirle la pediatra nos decía que siempre estaba en el mismo percentil y que seguía “en su línea”, que era normal y que lo preocupante era si bajaba o subía mucho de repente.

Pero claro, luego la realidad era otra y, como hacemos casi todos los padres, nosotros comparábamos a nuestro hijo con los demás y veníamos que era muy pequeñito. Incluso las niñas de su edad eran más grandes y viendo que iba creciendo poco a poco decidimos volverle a llevar al médico para consultarle.

El niño tampoco ha sido nunca de mucho comer, así que decidí comprarle unos suplementos alimenticios que anuncian en la televisión para niños “mal comedores”. Tampoco sé hasta qué punto este tipo de suplementos son efectivos, pero al menos yo me quedaba más tranquila sabiendo que el bibe que se tomaba por las mañanas tenía más proteínas y vitaminas que la leche con cacao que se tomaba hasta el momento.

 

Mientras seguíamos llevándole a la consulta cada cierto tiempo. La doctora nos dijo que iba a hacerle unas pruebas, ya que en peso había bajado a percentil 2, por si acaso fuese celiaco o tuviese alguna intolerancia. Las pruebas salieron bien y nos dijo que le iba a mandar al hospital para que allí le hicieran unas pruebas más exhaustivas de hormona del crecimiento.

 

Al llegar al hospital el pediatra le midió y pesó y en principio nos indicó que teníamos que volver a los 6 meses para ver cómo iba creciendo. El sospechaba que podía ser “de crecimiento lento” (niños que crecen a un ritmo mucho más lento que los demás). También nos estuvo haciendo unas preguntas a los padres: nuestras medidas, cuando había tenido el periodo (en mi caso), cuando había “pegado el estirón” su padre etc.

Después de hacernos todo el cuestionario nos comentó que los dos éramos personas que habíamos tenido un desarrollo más lento de lo normal (por ejemplo yo tuve el periodo con 15 años y mi marido estuvo creciendo hasta los 21 años) y que seguramente el niño fuese así.

Para corroborar esto le mandó una radiografía de la muñeca. Ahí se ve la edad del hueso del niño. En este caso yo se la hice cuando él tenía 5 años, pero su edad ósea correspondía a un niño de 3 años y medio. Esto, según me explicó el médico, significa que el niño seguirá creciendo más lentamente y que seguramente vaya creciendo hasta los 20 o 21 años, cuando lo normal es que en los chicos el crecimiento se pare antes.

Ahora por ejemplo es el más bajito de su clase y hay niños de su edad que le doblan en peso y que le sacan más de dos cabezas.

Incluso el otro día fui a una actividad en Faunia para mayores de 6 años y tuve que enseñar su carné de identidad porque la responsable no se creía que tuviese esa edad.

El tema de los percentiles es un tema que nos preocupa mucho, pero sobre todo lo que no tenemos que hacer es comparar unos niños con otros. Cada niño es diferente y tiene su ritmo. Lo mejor es que si tenemos alguna duda consultemos al pediatra para que descarten temas como la celiaquía o algún problema de hormona de crecimiento y sobre todo que no hagamos caso a comentarios que nos puedan hacer nuestros propios familiares u otros padres del entorno.

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