La carne es uno de los alimentos más consumidos en el mundo, indispensable para constituir una dieta equilibrada y variada. La Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) aconseja el consumo de carne en la alimentación de los niños a partir de los seis meses de edad. Esta debe ser consumida cada semana debido a las proteínas de gran calidad que alberga y en cantidades acorde a la edad de los pequeños, alternando entre las distintas variedades que pueden encontrarse en el mercado. Una de las más aconsejables es la de conejo, una carne blanca con numerosas propiedades.

Es más, es una carne exquisita gracias a su aporte nutricional y su contenido en grasas, mucho más saludable que la carne roja. De hecho, es perfecta para personas de cualquier edad siendo especialmente recomendada para niños, adolescentes, personas mayores, embarazadas y aquellas personas que experimenten problemas digestivos, de colesterol, anemia o incluso sobrepeso. No obstante, este tipo de carne no suele ser a priori la primera opción, pero es altamente recomendable para el desarrollo del niño. Además, existen multitud de recetas de conejo que pueden prepararse para los más pequeños vayan adaptándose poco a poco a su sabor.

Beneficios de la carne de conejo en los niños

La carne de conejo ha ido ganando seguidores por sus espectaculares cualidades en la salud de los niños así como por su sabor y textura. En primer lugar, al ser una carne blanca o magra se convierte en una opción más que saludable para los más pequeños, destacando por su bajo aporte en grasas (apenas 130 calorías por cada 100 gramos). Al contener una menor proporción de grasas saturadas se establece como una carne ideal para la etapa de crecimiento de los niños y para combatir la aparición de obesidad en una edad temprana. Combinada con ensaladas, frutas y verduras se conseguirá una dieta sana y equilibrada.

Asimismo, su bajo contenido en grasas la hace una carne muy tierna y altamente digerible que sin lugar a dudas gustará a cualquier niño. La carne de conejo es rica en proteínas de alto valor biológico con una cantidad que oscila entre los 18-20 gramos por cada 100 gramos que se consuma. Este tipo de proteínas son esenciales para el organismo de un niño, previniéndole de distintas enfermedades. Por supuesto, diversas vitaminas y minerales pueden encontrarse en la carne. De hecho, destaca por la importante cantidad de hierro, zinc, magnesio, su elevado contenido en potasio y su bajo aporte en sodio. Todas ellas son fácilmente digeribles por el organismo de los niños.

En cuanto a las vitaminas que pueden encontrarse en la carne de conejo, las de tipo B son las más frecuentes. Tres de las más importantes son la vitamina B12, la B3 (niacina) y la B6 (piridoxina), las cuales les aportarán la energía necesaria para afrontar la vuelta al cole cada semana. La vitamina E, también presente en el conejo, aporta propiedades antioxidantes para ralentizar el proceso de envejecimiento. La importancia de la carne de conejo en la alimentación de los niños radica también en los bajos niveles de hidratos de carbono que contiene, así como en uno de sus componentes mayoritarios: el agua (casi un 72% del total).


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