MI EXPERIENCIA CON: LAS RABIETAS

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Es muy fácil dar consejos a los demás cuando las cosas te pillan de oídas, pero hasta que no lo vives en primera persona, no puedes llegar a saber hasta qué punto puede llegar a desquiciar a un adulto el que su hijo esté pasando por una época de rabietas.

Esto es lo que ha pasado con mi hija mediana que hace poco cumplió 3 años. Primero, he de decir que mi hija mayor nunca había tenido una rabieta seria, así que cuando alguna amiga me hablaba de que estaba desesperada porque su hijo/a tenía rabietas, me parecía una exageración.

Pero a raíz del nacimiento de mi tercer hijo todo cambió. La niña quería mucho al bebé, eso sí, cuando estaba en la tripita, ya que al formar parte de su vida la niña se quedó desubicada y empezó a tener rabietas para llamar la atención. Desde el mes de mayo no ha dejado de llorar ni un solo día y cada vez más fuerte.

Los libros sobre rabietas suelen indicar unas pautas a seguir con los niños muy generales, y en mi caso, tampoco me sirvieron de mucho. Unos dicen que les hagas más caso, que juegues con ellos, que les impliques en las tareas con el bebé… Todo esto no me sirvió de nada. Las rabietas iban en aumento.

En el colegio al que van las niñas dieron unas charlas en el mes de noviembre sobre las rabietas (los psicólogos identifican los 3 años como uno de los periodos de auge en las rabietas) a las que no pude ir así que decidí pedir cita con el gabinete psicológico del centro escolar para que me ayudasen a resolver la situación antes de que se me fuese de las manos.

El hablar con la psicóloga del cole me ayudó a comprobar los fallos como padres que teníamos a la hora de tratar la rabieta de la niña y como había que tratar la rabieta en función del caracter de la pequeña. En mi caso, descubrí lo siguiente:

Yo me llevaba a la niña muchas veces conmigo sola para que viese que me ocupaba de ella también. La psicóloga me dijo que esto es bueno pero solo en ocasiones, ya que los niños rápidamente asocian esto con el hecho de que siempre vas a salir solo con ellos. El niño debe darse cuenta que tiene más hermanos y que el padre y la madre deben ocuparse de todos.

En el caso de mi hija, ella lleva muy mal la negación y nosotros, presas de la desesperación cuando tenía una rabieta, estabamos acostumbrados a elaborar las frases con no: no hagas esto, no cojas lo otro, no toques al bebé con las manos sucias… Nos recomendó cambiar el término de la frase y convertirlas en frases positivas: ¿No sería mejor que te lavases las manos antes de tocar al bebé…?

En el caso de que tenga más hermanos hay otro problema añadido, y es el que no es ni el mayor ni el pequeño. El niño debe encontrar su lugar y hay que reforzarlo con las actitudes positivas que realice (recoger las cosas, ayudar a los padres en las tareas el hogar…).

La verdad es desde que me dio estas recomendaciones la niña está mucho mejor. Reforzamos siempre el que es mayor y tiene que ayudarnos. Es cierto que de vez en cuando le da un arrebato y se pone a llorar con rabia pero poco a poco…

¿Cuál es vuestra experiencia con las rabietas? ¿Queréis compartirla con nosotrass?

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