El 13 de marzo, el día que se anunció que se decretaría el estado de alarma en todo el país, era un día que yo ya tenía grabado a fuego en mi calendario. Era el día en que salía de cuentas. Las semanas previas ya habían sido caóticas. Prefería no leer demasiado las noticias porque todo eran cifras de muertos, de contagios y de hospitales que empezaban a colapsarse. Visitas restringidas, movilidad muy limitada. El caos campaba a sus anchas mientras yo esperaba la llegada de mi bebé.

El sábado 14 nos encerraron en casa. Nos prohibieron salir salvo para realizar actividades muy esenciales. Ponerse de parto, claro, era una de ellas. Así fue, el lunes 16 rompí aguas y 24 horas después mi hijo llegó al mundo en el momento de mayor incertidumbre de nuestra vida.

Ocho meses después, ahora que puedo verlo con cierta perspectiva, sé que tuve suerte. Mucha suerte. El hospital comarcal en el que yo elegí dar a luz aún no estaba saturado ni tenía casos de COVID. No me obligaron a dar a luz con mascarilla. Mi pareja me pudo acompañar en todo momento, tanto en el parto como en la hospitalización posterior. Viendo cómo se complicó todo después, sin duda, fui muy afortunada.

La vuelta a casa y el confinamiento posterior se me hicieron, sin embargo, muy cuesta arriba. Dos meses sin poder ver a nadie más que a mi marido, que estaba tan perdido como yo, sin recibir ningún tipo de ayuda, con una atención médica muy mermada. Me sentí abandonada. Jamás entendí que no consideraran a una recién parida y a su bebé como dos personas dependientes que necesitaban apoyo de fuera. Algo tan sencillo como un tapper de comida o unos brazos que se ocuparan diez minutos de mi hijo mientras yo me daba una ducha. No pedía más.

Dar a luz en pandemia

Así surgió mi blog, mi vía de escape, un lugar donde encontrar algo de paz dentro de mi propia casa cuando todo se me venía encima. Poco a poco, otras madres que también habían tenido que dar a luz en pandemia fueron conociendo mi perfil y algunas se animaron, incluso, a contar sus experiencias. Fue el inicio de esta pequeña tribu de #coronamamis, como me gusta llamarnos, donde nos leemos desde la distancia y nos sentimos un poco menos solas.

Ha pasado el tiempo y desde marzo son muchas las que han visto cómo toda la ilusión que envuelve un embarazo se ha convertido en un camino difícil, incluso oscuro a veces. Les han anulado citas médicas o las han cambiado por simples llamadas de teléfono, les han prohibido estar acompañadas en momentos tan importantes como la primera vez que le vieron la carita a su bebé en una ecografía o la primera vez que escucharon su latido.

Peor aún. Algunas han tenido que traer al mundo a su hijo solas. Tantos años de lucha, de pelea, para que todo se venga abajo en cuestión de segundos. Sé de chicas a las que dejaron a la puerta de urgencias con el parto apenas iniciado y volvieron a recogerlas 48 horas después con un bebé en sus manos. Duro, ¿verdad?

Nuestra comunidad

Si es tu caso, si estás embarazada o has dado a luz en este caótico 2020, déjame decirte algo. No estás sola. Estamos aquí. Puedes encontrarnos en el blog. En la sección “Coronamamis” recojo testimonios de otras madres que también han dado a luz en pandemia, que también han sufrido las consecuencias de esta crisis sanitaria en carne propia. Y te diré una cosa: encontrarás sufrimiento, pero también mucho optimismo. Nuestros bebés han venido a este mundo para recordarnos que todo esfuerzo merece la pena, que ellos son el futuro y que no podemos venirnos abajo. Que todo pasará y ellos estarán aquí, haciéndonos sonreír cada día.

También puedes unirte a nuestra comunidad de Instagram @nacerentiemposdelcoronavirus. En historias destacadas encontrarás el álbum de #coronamamis donde puedes ver las fotos de mujeres valientes, felices y orgullosas de lo que han logrado en medio de una pandemia. Mejor aún, puedes subir la tuya y formar parte de todo esto.¿Te unes? ¡Te esperamos

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