Durante estas vacaciones he podido «vivir en mis carnes» la intolerancia de algunas personas (padres incluidos) ante situaciones protagonizadas por niños

 

Sé que muchas personas al leer este post pensarán que algunos niños no tienen educación, que hay que saber comportarse en lugares públicos o que algunos padres no sabemos «mantener a raya» a nuestros hijos, pero también hay que pensar que hay niños muy pequeños que todavía no saben comportarse en público y que están aprendiendo a seguir las normas.

Os voy a contar mi experiencia estas vacaciones ya que vivido varias situaciones en las que adultos, aquellos que se supone «tenemos que enseñar a los niños» han demostrado ser intolerantes y egoístas. También he de decir que, afortunadamente, han sido muchas las personas que se daban cuenta de que íbamos con niños muy pequeños y entendían la situación e incluso ayudaban.

1.- VIAJANDO EN TREN

Mi relato empieza el miércoles pasado cuando decidimos ir de vacaciones en tren 2 adultos y 5 niños con las siguientes edades: 2, 3, dos de 5 y 8. Cómo veréis son niños muy pequeños y a veces es difícil controlarles.

Lo primero fue pasar al tren con las maletas y el carrito del bebé. Si sois padres y habéis viajado de esta manera entenderéis la situación: una multitud esperando en la estación de tren y tu intentando controlar a los niños para que no se pierdan.

Por fin conseguimos meter todo en el tren, con la consiguiente angustia porque había huelga de personal de abordo y nadie nos podía echar una mano.

Cuando conseguimos montarnos en el tren vimos que nos habían dado asientos separados, menos mal que las personas que nos tocaron al lado fueron de lo más comprensivas porque fueron casi 5 horas con los niños y como sabéis los que habéis viajado con niños pequeños, este tipo de viajes se hace interminable. (Además por la huelga el tren se retrasó media hora más).

Lo primero que me llamó la atención es que el tren iba lleno de niños y, que muchos padres, por no molestar a los demás viajeros, nos habíamos ido a la cafetería (que estaba cerrada al estar en huelga) para que los niños pudiesen correr a sus anchas.

Ya en la cafetería un chico hablaba en voz alta por teléfono diciendo «vaya, esto es un asco, estoy en la cafetería y esto parece una guardería». Una opinión respetable, como todas, pero que indica el grado de empatía con los demás.

2.- DESAYUNANDO FUERA

Una vez instalados al día siguiente decidimos ir a desayunar fuera. Seguramente muchos de vosotros os hayáis sentido identificados con esta situación, ya que cuando vas con tanta tropa algunas personas «te miran mal», y lo entiendo, porque ellos hacen mucho ruido y aunque lo intentemos evitar y constantemente les digamos que no hablen tan alto, al final son niños y cuando están juntos se «retroalimentan», como digo yo.

Con estas situaciones los padres los pasamos mal, en mi caso estoy todo el rato pendiente de que no molesten a las demás personas y al final no disfrutas.

 

Viajando con cinco niños: toda una odisea

 

3.- EL PARQUE 

La situación más «intolerante» ocurrió en el parque de la ciudad (El Puerto de Santa María).  Como veréis la ciudad cuenta con un parque infantil a la entrada de la misma y en medio una puerta que, otros años, estaba cerrada, pero al llegar este año encontramos abierta. Como veis en la foto el parque está dividido en dos por este carril y los niños pasan de un lado a otro con la carretera al lado.

Al llegar al parque una señora me advirtió de que cerrásemos la puerta ya que era un peligro para los  niños estar con eso abierto. Mientras estaba abierto iban pasando ciclistas y peatones que, exactamente a unos 20 metros tenían una nueva salida que conecta con un puente al que casi todos iban.

La puerta estaba abierta y un ciclista, con su hijo, pasó y la dejó abierta. Le comenté que por favor la cerrase ya que había niños y que podían correr, a lo que me contestó gritando:

-¡Pues que tengan cuidado!

-¿Un niño de dos años va a tener cuidado? -le contesté. Los que tenemos que tener cuidado somos los mayores

Y supongo que en esta parte de la historia algunos pensarán que para eso estamos los padres, para cuidar de nuestros hijos.

En mi caso íbamos 5 niños y todos los que tengáis hijos, primos, sobrinos pequeños sabéis que cuando son tan pequeños no tienen conciencia del peligro y que basta un descuido de un solo segundo para que se escapen.

 

Pero lo que me pareció más vergonzoso es que ese padre iba con su hijo, como de unos 10 años. ¿Qué actitud estamos enseñando a nuestros hijos si lo que les estamos diciendo es que prima nuestro interés personal antes que el interés de otras personas?

 

4.- VUELTA EN EL TREN 

Hoy ha sido la vuelta en el tren y he vivido de nuevo otra situación de intolerancia.

Al llegar a la estación de tren nos han dicho que nos cambiaban de asiento y nos han reasignado nuevas plazas. Al montar nos han vuelto a poner separados y como no había nadie en los asientos de enfrente hemos puesto a los niños juntos y el revisor nos ha comentado que podíamos estar ahí hasta la siguiente estación que se montaban más personas.

En la siguiente estación nos hemos dado cuenta de que habían reasignado mal los asientos y que faltaba uno. Un señor muy amablemente nos ha cambiado el asiento y otras señoras han empezado a despotricar diciendo que estábamos ocupando sus asientos y que nos habíamos sentado ahí sin «negociar» que se los cambiásemos. ¿Pero cómo vamos a negociar nada si se acababan de subir?

Así que hemos levantado a los niños y hemos salido con el pequeño en brazos a la plataforma hasta que ha venido el revisor a recolocar los sitios (el hombre muy amablemente nos ha dejado en el lugar en el que estábamos todos juntos)

Mi indignación no es contra las personas que reclamaban sus asientos, sino que han empezado a despotricar delante de los niños ante una situación que no era culpa de nadie y que se ha arreglado en dos minutos.

 

También tengo que decir que, afortunadamente, son más las personas que nos han ayudado y que han comprendido que ir con niños no es tarea fácil y que casi todos los padres intentamos que no haya «daños colaterales». Por eso pido que cuando veamos a niños cabreados en el supermercado, madres con carritos intentando bajar las escaleras del metro, padres calmando a sus hijos que no paran de llorar… pensemos solo por dos segundos qué haríamos nosotros en esa situación. Quizás veamos las cosas de una manera diferente.

Y vosotros ¿habéis tenido alguna experiencia de este tipo con vuestros hijos?

 

 

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