Llega el final de curso y muchos de nuestros hijos no han logrado las espectativas que habíamos puesto en ellos con respecto al curso escolar . Desde la editorial RUBIO, su asesora experta en psicopedagogía, Celia Rodríguez, trata de dar respuesta a los motivos que en muchas ocasiones se esconden tras estas malas calificaciones y algunos consejos para poder darles remedio.

Cuando un niño no alcanza el aprendizaje que se espera por edad, nivel cultural y educativo, etapa de desarrollo y etapa educativa, las razones que subyacen, y que no podemos obviar, pueden ser:

·       Algún malestar emocional que impide que el niño centre su atención en los contenidos académicos.

·       Falta de interés y de motivación por el aprendizaje y por las tareas escolares, en las que el alumno no se implica y no se siente protagonista.

·       El alumno no sabe aprender. Es decir, que no tiene desarrollada la competencia de aprender a aprender y, por tanto, carece de las habilidades para enfrentarse y afrontar los aprendizajes.

Según Celia Rodríguez,  “el alumno que saca malas notas normalmente se desmotiva más y tiende a prestar cada vez menos interés por las tareas y aprendizajes académicos. Además, su autoestima académica baja, porque se percibe a sí mismo como menos capaz para afrontar las tareas académicas, por lo que tenderá a evitarlas para no tener que enfrentarse a ellas. A nadie le gusta creerse menos capaz, tampoco a los niños que en muchos casos prefieren ser considerados vagos a poco capacitados. El circulo vicioso se inicia”.

Para afrontar esta situación, Celia Rodríguez recomienda seguir las siguientes pautas:

1.       Ahora es fundamental sentarse con él y escucharle. Es bueno explicarle que esta situación tiene solución y que no está solo. La presión es estos momentos ya es grande, debido a un confinamiento largo y agotador para ellos, por lo que hay que evitar cargarles con más frustraciones que les puedan desbordar.

2.       No podemos cargar toda la responsabilidad en él y exigirle mejorar la situación sin enseñarle cómo hacerlo. Está claro que tiene que ser consciente de su parte de responsabilidad, pero para solucionarlo es importante que le ayudemos a desarrollar la competencia de aprender a aprender y que promovamos el desarrollo de habilidades para que el alumno pueda enfrentarse a sus aprendizajes.

3.       Tratar de encontrar durante el verano experiencias de aprendizaje que le motiven y den respuesta a sus intereses. Procurarle un papel más activo, para que se implique con su propio proceso de aprendizaje. En definitiva, hacerle pasar de receptor pasivo de información, a desarrollar un papel más activo para que pueda trabajar la información y dotarla de significado.

4.       Además, es aconsejable mostrarle el valor del esfuerzo. Hacerle conocedor de que si se implica y pone empeño puede conseguir resultados, para lo que hay que enseñarle a organizarse y planificarse.

5.       También funciona ayudarle a proponerse metas. Esos pequeños objetivos asequibles a corto plazo evitarán que se desanime con la meta final, y le ayudarán a encontrar motivaciones a lo largo del camino.

6.       Y fundamente, respeta sus ritmos, no podemos permitir que todos aprendan lo mismo al mismo tiempo.

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